7 abr. 2006

Vota, peruano, vota...

“El Perú es una pesadilla. Pronto despertaremos y descubriremos que somos suizos”–Sofocleto.

“El peruano aparenta inteligencia sólo cuando se equivoca”–Sandro Etchebery Gaudea.


Existe una avispa que pone sus huevos en el cadáver de otro insecto al que ella misma ha dado muerte y arrastrado por las antenas hasta su madriguera. Naturalistas han removido las antenas y ello ha causado desconcierto en la avispa. No se le ocurre arrastrar el cadáver por una pata o por las alas. Si no tiene antenas no lo arrastra y lo abandona. ¿Pudo esta avispa “decidir” jalar al insecto por una pata? No. Su código genético se lo impidió.
También tenemos a los lemmings, esas pequeñas ratitas del círculo polar ártico parecidas a los hámsters, que misteriosamente efectúan un suicidio colectivo lanzándose al mar. ¿Quizá un lemming inteligente decida no morir y retirarse de la manada que se lanza al abismo? No. No es posible. Esa muerte está inscrita en el ADN del lemming.
¿Y a qué viene todo esto? A que nosotros los peruanos somos una suerte de lemmings humanoides, sin capacidad de decisión. Nos dirigimos hacia el fracaso y el abismo porque así lo dictamina el mensaje ancestral que nos trae nuestro propio ADN, y nadie podrá hacer nada para evitarlo. En realidad, a nadie le interesa. ¿Alguien sufre por las hormigas cuando ve a un jardinero con su soplete fumigador?
Nuestro genoma y una ley abusiva nos ordenan una paráfrasis de la cojuda canción de “Tongo”: VOTA, PERUANO, VOTA...
…Y a votar nos dirigimos. ¿Por quién? Por aquel que tenga la mejor capacidad para convertirse en nuestro amo. Los peruanos –además–, que hemos sido esclavos desde antes de la existencia del Imperio Incaico, ya estamos acostumbrados. Dale a una persona un amo por un tiempo suficiente, y luego no podrá vivir sin ser esclavo. Cuando se nos ha regalado la libertad no hemos sabido qué hacer con ella, salvo renunciar y tornar a la esclavitud. La esclavitud tiene sus ventajas: no tienes que preocuparte por obtener comida ni vestido ni servicios médicos y, por sobre todo, responsabilidad cero. Que el amo –a quien le besamos los pies todos los días– nos dé lo que necesitamos y así nos ahorramos tener que pensar. Audacia cero, iniciativa cero. ¿Para qué coño necesitamos de esas huevadas? El amo proveerá ¿verdad?
También estamos acostumbrados a la zurriaga y al fuete, de modo que no hay problema.
Pero hay una forma en que podemos engañar y “baypasear” al mensaje genético a la hora de votar. Por favor, no voy a pedir “momentos de reflexión” ni demás cojudeces que piden los obispos. Sólo una cosita al momento de llenar nuestro voto. Sólo tengamos en mente una idea: si no votamos, nos va a caer una multa de la gran puta y no tenemos plata para pagarla, y estaremos jodidos por lo menos los próximos seis meses.
Sólo eso, por favor. No pensemos. No reflexionemos. No imaginemos el futuro del Perú. No nos pongamos dramáticos ni románticos. No pensemos en monitores ni en morros ni en brujos de los Andes. Sólo en la multa. Que nuestro voto sea cien por ciento aleatorio.
Que la naturaleza decida... y que la metagalaxia se apiade de nosotros.
Hasta más vernos.


Por: ANDRÉS BEDOYA UGARTECHE columna "La Ortiga" Diario Correo
Publicado Jueves, 6 de Abril de 2006.

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